Comencemos aclarando que la expresión "autoayuda" puede resultar equívoca.
Es certera y sintética, pero también se halla tan manoseada que a menudo se la interpreta de un modo despectivo, como un simple recurso comercial para vender espejitos de colores, disfrazados de “recetas” y “métodos” que, supuestamente, nos permitirían modificar radicalmente nuestra vida. Es cierto, eso ocurre. Pero asumamos que si existen quienes venden sus “milagros de hojalata”, es nuestra la responsabilidad de comprarlos. Es verdad, a veces estamos tan desesperados, tan perdidos en laberintos a los que no vemos la salida, que echamos mano a lo que sea. Claro que sí. No somos “culpables”. Pero sí somos, aún entonces, “responsables”.
