viernes, 6 de mayo de 2011

Un pequeño cuento sobre Sócrates



El triple filtro
En la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por tener al conocimiento en alta estima.
Un día, un conocido se encontró con el gran filósofo y le dijo:
- ¿Sabes lo que acabo de oír acerca de tu amigo?
- Espera un minuto -replicó Sócrates-. Antes de que me hables acerca de mi amigo, podría ser una buena idea tomarnos un momento y filtrar lo que vas a decirme. Yo lo llamo el examen del triple filtro.
- ¿Triple filtro? –preguntó el hombre.
- Así es -continuó Sócrates-. El primer filtro es la Verdad. ¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?
- Bueno, no -dijo el hombre-, realmente sólo escuché sobre eso y...
- Bien -dijo Sócrates-. Entonces, realmente no sabes si es cierto o no. Ahora apliquemos el segundo filtro, que es la Bondad. ¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?
- Hmm…. No, por el contrario...
- Entonces –prosiguió Sócrates-, deseas decirme algo malo sobre él, aunque no estás seguro de que sea cierto. Pero tú aún puedes querer pasar la prueba, ya que queda un filtro: el filtro de la Utilidad. Lo que vas a contarme sobre mi amigo, ¿me servirá de algo?
- No, la verdad que no –respondió el hombre.
- Bien -concluyó Sócrates-. Si no sabes si lo que quieres contarme es cierto, y además no es bueno y ni siquiera es útil, ¿para qué me lo contarías de todos modos?
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¿Cuántos filtros ponemos a nuestras palabras, antes de pronunciarlas? ¿Cuántos filtros ponemos a las de otros, antes de escucharlas?
¿Aplicamos por lo menos un filtro, cualquiera sea?
¿Somos conscientes de que podemos elegir lo que decimos y, también en gran medida, aquello a lo que prestamos oídos? ¿Advertimos que, aunque nos resulte físicamente imposible dejar de oír algo, podemos decidir no incorporarlo a nuestra existencia, no escucharlas?
¿Advertimos el poder de las palabras? Sin necesidad de adoptar el enfoque de corrientes que les atribuyen poderes creadores (pero pudiendo hacerlo, si coincidimos en que así es), las palabras tienen al menos dos características por las cuales son poderosas: nos manifiestan y contribuyen a crear el ambiente en el cual nos movemos. ¿Prestamos atención a qué aspectos de nuestro interior expresan las palabras que proferimos a lo largo de cada día? ¿Notamos el aporte que esas mismas palabras hacen al ambiente que nos rodea, durante nuestra jornada?
¿Somos honestos respecto a las auténticas razones por las que vertimos o acogemos palabras, o agregamos más palabras para disfrazarlas? En ocasiones, detrás de un “¡tengo que contarte esto!” o un “¡no puedo dejar de escucharlo!”, lo que en realidad hay es un “me muero de ganas de hacerlo porque experimento placer”.
Quizás, ejercitarnos en el filtrado de las palabras nos ayude a que, como sucede con el agua que se filtra, algunos aspectos de nuestra vida adquieran mayor pureza o, al menos, mayor claridad.
(Si te gustó el cuento y el tema con que se relaciona, quizás te interese leer la nota “Elegir nuestras palabras”, en http://enelcaminodevivir.blogspot.com/2011/02/elegir-nuestras-palabras.html)

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4 comentarios:

  1. Vilma Angulo Lucena7 de mayo de 2011, 18:16

    A veces no puedes filtrar lo que escuchas pero sí analizar su contenido y decidir si creer o no la veracidad del mismo, eso sucede mucho con los medios de comunicación, casi hay que hacer como Santo Tomás ver para creer, jijiji. Y con respecto a lo que decimos nada mejor que PENSAR muy bien lo que se dice, pues jamás se podrá recoger lo derramado. Voy a tratar de aplicar lo más posible lo del triple filtro está buenísimo y utilísimo.Gracias!!!!!!!!

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  2. Me gusto mucho el cuento, Pablo.
    Para aplicarlo en la vida diaria.
    Cuantas veces dejamos que nos cuenten cosas del resto que son inciertas y asi estamos dando pie a que se divulguen.
    Muy bueno el triple filtro.
    Gracias, Pablo
    Saludos

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  3. Hola Vilma, Ani! Es cierto, como dicen, en ocasiones no podemos dejar de oír ciertas palabras, y ahí está nuestra facultad de elegir, de aplicar los filtros, para decidir qué hacemos con eso que percibimos, si lo incorporamos o no. Es interesante notar que, al elegir hacer nuestras ciertas palabras ajenas, dejan de ser ajenas y se convierten en nuestra repsonsabilidad. Muchas gracias a ambas!! Pablo

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  4. Gracias queridas Vilma, Ani!! Como dicen ambas,siempre tenemos la facultad de decidir prestar oídos o no a algo. Aún cuando no podamos dejar de oírlo físicamente, podemos decidir no escucharlo. Y aún si lo escuchamos, podemos decidir no incorporarlo a nosotros (y mucho menos difundirlo). Es verdad, el caso de los medios de comunicación es particularmente interesante, ¿cuántas veces tomamos como verdad algo "porque salió en la T.V. o en el periódico"? Y dejando de lado las segundas intenciones que un cierto medio puede tener en algunos casos, es innegable que se centran en lo negativo pues la noticia es lo que sale de lo común, no lo habitual. Y, cursiosamente, ni siquiera advertimos esto, que lo malo que sale publicado es justamente eso, lo excepcional, no la regla de todos nuestros días. Nuevamente gracias! Pablo

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